por Cristóbal Ramírez
La luz es suave y nos envía destellos ocres al escaparse por las callejuelas. Estamos en el Mediterráneo y Montpellier, la capital del Languedoc-Roussillon, se muestra vibrante y resplandeciente. Y no solo por su arquitectura, de corte burgués y parisino. También por su vida, que se hace en la calle, al contrario que en otros lugares del centro y norte de Francia. La Place de la Comedie, el centro neurálgico, podría estar en cualquier capital europea: balconadas elegantes,








